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3 pasos para liberarte del micro-estrés

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Sentimos presión en el trabajo, presenciamos discusiones, escuchamos malas noticias en los medios… Y cuando llega la noche, nos encontramos exhaustos. Nuestro cuerpo no necesita una gran causa ni una razón de peso para sentirse agotado. A veces, nos sentimos cansados sin saber por qué y el problema es que no somos conscientes de que todas esas pequeñas cosas que enturbian nuestro día a día, esas a las que estamos tan acostumbrados que hasta podemos pasar por alto, pueden contribuir a ese cansancio físico y emocional.

Esos pequeños bajones que tenemos a lo largo del día son también desencadenantes de estrés, es lo que se conoce como “micro-estrés”, según Harvard Business Review. La mayoría de personas no es capaz de aceptar esas micro-tensiones, puesto que a veces ni reparan en ellas. Sin embargo, son perjudiciales para nuestro ánimo. Pueden ser circunstancias breves y momentáneas, pero nos perturban y su impacto puede seguir con nosotros durante días.

Como también apunta Harvard Business Review, es fácil que esos momentos de micro-estrés sumados nos den sensación continuada de estrés y el estrés nos hace mucho más susceptibles a enfermedades como la depresión. Por eso, en este artículo, os vamos a dar 3 consejos para liberaros de esas pequeñas perturbaciones rutinarias:

1. Identificar 2 o 3 situaciones que nos generen micro-estrés y actuar sobre ellas:

Dedica tiempo a reflexionar sobre qué situaciones te resultan incómodas o te producen cambios anímicos. No es una tarea sencilla porque son circunstancias a las que ya estamos acostumbrados y que nos cuesta percibir. Según el estudio publicado en Harvard Business Review, la mayoría de las micro-tensiones son causadas por otras personas. Es decir, son consecuencia de nuestras relaciones personales (desconocidos, familiares, en el trabajo…). Para identificar dichas situaciones, podemos mantener conversaciones con gente de confianza para que nos ayuden a descubrir qué nos molesta realmente y por qué.

Una vez tengamos claro un par de ellos, debemos intentar verlos con otra perspectiva, darles otro enfoque. Por ejemplo, podemos mantener una conversación con la persona o personas causantes de ese micro-estrés, rodearnos en momentos clave de personas que nos puedan ayudar o simplemente rechazar ciertas situaciones que nos angustien.

2. Dedicar el tiempo a personas o actividades que nos hagan desconectar

Hay muchas actividades mindfulness que pueden ayudar a relajarnos incluso cuando la causa de nuestro estrés no está clara – meditación, escribir un diario con cosas positivas, etc… -. Pero también es importante que hagamos actividades solo por diversión, que encontremos hobbys, que realicemos quedadas frecuentes con la gente que nos hace sentir bien. Y, sobre todo, es crucial hacer actividad física para desahogarnos de lo malo y sentirnos bien. Si, debido a las circunstancias actuales por la pandemia, llevas tiempo sin practicar ejercicio, mira este vídeo para saber como retomar la rutina:

3. Aléjate de todo lo que te genere estrés:

En una relación larga de amistad, por ejemplo, no siempre es fácil saber cuando la otra persona te hace más mal que bien. El tiempo une a las personas y es difícil poder evaluar esa unión de forma objetiva. Da un paso atrás y examina tus relaciones más cercanas y cómo te hacen sentir. Como Harvard Business Review señala, no es cuestión de cortar una relación de años, pero sí debes reconocer los efectos que cada persona causa en tu vida y saber poner unos límites cuando sean más negativos que positivos.

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