
El impacto del cambio climático en la biodiversidad
El cambio climático y los cambios en el uso del suelo están transformando los ecosistemas europeos. Estos procesos afectan directamente a la biodiversidad y a los beneficios que la naturaleza ofrece, como el agua limpia, la fertilidad del suelo y la polinización. Un reciente estudio publicado en Global Change Biology revela que comprender las interacciones entre especies es clave para predecir y proteger la distribución del oso pardo en Europa y Turquía.
El oso pardo como caso de estudio: interacciones entre especies y distribución del oso pardo
La investigación, en la que participa el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), ha analizado más de tres millones de localizaciones de unos 3.000 osos pertenecientes a 14 sub poblaciones. Los resultados muestran que la distribución del oso depende en gran medida de la disponibilidad de las especies que conforman su dieta.
Los osos que habitan en zonas más cálidas, como la Cordillera Cantábrica, Grecia o Turquía, presentan una dieta mayormente vegetariana, mientras que en regiones más frías, como Escandinavia y Finlandia, su alimentación es más carnívora. Esto convierte al oso en un actor flexible del ecosistema: desde herbívoro hasta depredador apical.
Interacciones que determinan su presencia
El estudio destaca que los osos ocupan aquellos territorios donde existe mayor energía disponible procedente de sus alimentos. En la Cordillera Cantábrica, por ejemplo, la abundancia de robles y hayas favorece su presencia, mientras que en áreas más carnívoras la clave está en la distribución de ungulados como ciervos o jabalíes.
Claves para la conservación: interacciones entre especies y distribución del oso pardo
Conocer estas interacciones es vital para predecir cómo cambiará la distribución de especies en el futuro. Los investigadores advierten que el desplazamiento de las especies de las que se alimenta el oso puede alterar su papel en la cadena trófica y afectar a su viabilidad. Este enfoque no solo ayuda a proteger al oso pardo, sino también a diseñar estrategias de conservación más efectivas que aseguren la salud de los ecosistemas europeos.