
A amar también se aprende: la adolescencia como escuela emocional
En una etapa de cambios intensos y descubrimientos emocionales, en la adolescencia se aprende a querer bien. Es un cambio dónde se forman las primeras experiencias emocionales moldeando así la forma que tienen las personas de relacionarse; así lo demuestra un estudio del Laboratorio de estudios sobre Convivencia y Prevención de la Violencia (LAECOVI) de la Universidad de Córdoba.
Esta investigación aborda una mirada positiva: las relaciones amorosas pueden ser un terreno fértil para desarrollar competencias emocionales.
Las habilidades que más se adquieren son la resolución de conflictos y apoyo emocional.
Una etapa clave
El estudio, que encuestó a 2.400 adolescentes andaluces entre 12 y 18 años, analizó su evolución emocional mediante cuestionarios aplicados en tres momentos diferentes.
Los resultados demuestran que los jóvenes al coger más experiencia, son más capaces de mantener relaciones sanas; entienden mejor sus emociones y son capaces de poner límites.
Educar para querer bien
Este enfoque no solo aporta datos valiosos, sino que invita a transformar la intervención educativa. Ya no se trata únicamente de prevenir la violencia de pareja o el acoso entre adolescentes, sino de ir más allá: sembrar desde el principio las bases para construir relaciones sanas, empáticas y equilibradas.
Las primeras experiencias amorosas no deben verse como simples ensayos de la vida adulta, sino como momentos clave donde se ponen en juego valores, límites y emociones reales. Enseñar a querer bien es enseñar a respetar, a comunicarse con honestidad y a cuidar sin controlar. Es formar personas capaces de reconocer sus emociones y las de los demás, de resolver conflictos sin agresión y de sostener vínculos desde el consentimiento y la reciprocidad. Como señala Carmen Viejo, “se puede aprender a construir parejas y hacerlo de forma satisfactoria”. Y ese aprendizaje empieza mucho antes de lo que creemos. Apostar por la inteligencia emocional desde la adolescencia es sembrar un futuro con vínculos más conscientes, más responsables y más humanos.