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No es necesario saber de cine para ver una película

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Capítulo 1
¡QUÉ BELLO ES VIVIR!
Frank Capra 1946

Tras un terrible periodo de guerras que asoló el mundo entero, “¡Qué bello es vivir!” (Frank Capra, 1946) debió sonar como un título más que necesario cuando se estrenó en 1946, sin embargo no tuvo el éxito esperado. De sus 5 nominaciones a los Oscar, solo logró una estatuilla a los efectos especiales por esa nieve que caía sobre su protagonista, el bueno de George Bailey  (James Stewart) cuando lloraba desesperado sintiendo que su vida había dejado de tener sentido, y meditaba muy seriamente suicidarse arrojándose a un río de aguas heladas.

Pero, años más tarde, la película se convirtió en todo un clásico y hoy ocupa el número 20 en el ranking de las 100 mejores películas de la historia del American Film Institute y el número 1 en el de las películas más inspiradoras que se hayan realizado jamás.

Y por todo ello parece casi obligado que yo inicie mi sección con esta obra maestra a la que considero sin duda una de mis películas favoritas. Y si no la habéis visto aún, es mejor que lo hagáis antes de seguir leyendo, porque a continuación hay spoilers.

El guion basado en el cuento “The Greatest Gift”  de Philip Van Doren Stern, es un plato delicioso  para cualquier día del año más allá de la Navidad, dada su maestría. Gira en torno a un personaje, del que describe su carácter y sus sueños, los logrados y los truncados, su familia, sus amigos y enemigos… La historia en fin, de su vida: algo absolutamente necesario para que todos podamos comprender la tensión y la desilusión por la que pasa George Bailey en ese terrible momento de tristeza y soledad, sobre ese puente del que va a saltar para acabar con su vida.

Pero la grandeza de esta película reside también en su narrativa literaria y cinematográfica, pues está escrita como solo los grandes saben hacerlo: utilizando comas y comillas, puntos y aparte y puntos suspensivos… Es decir, planos generales que nos describen situaciones y primeros planos que nos muestran personajes, planos secuencias que nos hacen disfrutar de los actores en la escena,  luces que nos revelan secretos y sombras que nos interrogan y que paradójicamente arrojan luz acerca de la verdad de cuanto vemos; un montaje que crea un conjunto sólido y coherente que marca un tempo acorde con la necesidad de cada secuencia, una banda sonora que apoya la historia, etc.

No necesitamos saber de cine para ver una película

No necesitamos saber de cine para ver una película, para disfrutar de ella y concluir que nos gusta o no, pero a los que amamos el cine nos gusta entender por qué unas películas nos calan tan hondo y otras no, por qué unas son “buenas” y otras no, más allá del gusto personal de cada uno o de que una película nos conmueva más porque refleja algo de nosotros mismos; es necesario un planteamiento frío para entender por qué un film nos conmueve.

George Bailey es un soñador reincidente al que la vida le impide seguir el camino que él desea una y otra vez, y le golpea de forma constante, machaconamente, tristemente, pero él insiste e insiste no ya en su camino, sino en vivir y tratar de ser feliz. Y más que eso: guiado por unos principios que parecen esculpidos en piedra en su interior, quiere ayudar a que los demás también sean felices.

Y en nombre de esos principios pelea con su pequeña compañía de préstamos contra la gran banca, la todopoderosa banca carente de alma y de principios más allá del beneficio. Y así logra que los pequeños negocios de la gente pequeña florezcan y generen actividad y vida. Y así el taxista, el tendero, el boticario, el barman e incluso Violet, la alegre Violet, logran salir adelante y seguir con sus vidas, humildes pero felices e incluso ahorrar para pagarse un divorcio algún día, como dirá uno de los numerosos personajes que pueblan este Bedford Falls milagroso, vivo, real, como todos los lugares de ficción a los que las grandes películas dan vida.

Pero George Bailey fracasa y la banca gana y siente que todos los años de trabajo y sacrificio y los principios por los que ha luchado de nada valen y deprimido, avergonzado y maldiciendo su mala suerte, decide suicidarse.

Y entonces surge Clarence, el mejor ángel que haya existido jamás, y se lanza y vuela hacia las aguas del río helado, entre esos inolvidables copos de nieve, para que George le salve y así poder él salvar a George.

Y Clarence logra su objetivo por completo usando una magia celestial que permite al protagonista ver qué sería de su vida si no hubiese nacido y hasta qué punto nuestras vidas afectan a las de los demás, como en esa teoría que afirma que el batir de unas alas de mariposa en un extremo del mundo pueden provocar una tempestad en el otro lado del planeta.

Entre tirarme al río y seguir adelante, me quedo en el puente junto a George Bailey

Y es así como este ángel nos hace reflexionar a todos acerca de nuestras vidas, de nuestros sueños, de lo maravilloso y también de lo cruel que puede ser vivir.

Y yo, entre tirarme al río y seguir adelante, me quedo en el puente junto a George Bailey, que cambió la vida de todos los habitantes de su ciudad y probablemente la de muchísimos más. Porque también en la vida real merece la pena trabajar por hacer un mundo mejor para todos, porque es un sueño común por el que merece la pena seguir adelante.

¡Qué bello es vivir! está disponible para su ver en streaming en Movistar + y Filmin

Pepe Caraballo (Badajoz, 1966) es cineasta y guionista de cine documental, publicidad y artes escénicas. También realiza exposiciones como video artista. Ha sido profesor en diferentes centros de estudios y colabora en revistas y foros del sector audiovisual. Ha escrito y dirigido largometrajes documentales como “El bosque modelo de Urbion” (2008), “El Parque Nacional de Guadarrama” (2009) o “Planet Earth” (Loro Parque Tenerife) (2011), entre otros trabajos audiovisuales y publicitarios.

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