El contenido que cambiará el mundo

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La fuerza de… COMPARTIR EXPERIENCIAS

Aprender; para eso venimos al mundo según me dijo una vez un monje budista con el que tuve el placer de hablar un ratito. Y yo añado, además, para compartir lo aprendido.
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En mi etapa de estudiante me hacía preguntas, tan ingenuas y a la vez decisivas para mí como: ¿por qué se estudian los clásicos? ¿Qué conduce a alguien a aprender griego? ¿Por qué es tan importante conocer los bocetos de los grandes pintores? ¿Por qué era tan valiosa la biblioteca de Alejandría?

Ya sé que suena a obvio, pero yo iba más allá. ¿Por qué es tan importante transmitir esos conocimientos de la antigüedad cuando lo que hace falta en el mundo son más descubrimientos para acabar con el hambre, con las enfermedades, con la insolidaridad o con las luchas entre pueblos? No era consciente de que todo estaba relacionado.

Veía que en el mundo había científicos, militares, políticos, agricultores, escritores, ingenieros… y que cada grupo piensa y vive de una forma diferente. No me daba cuenta de que todos están relacionados, ni de que no pueden existir los unos sin los otros y tampoco de que a todos ellos les ha afectado la historia.

Este descubrimiento tranquilizó mucho el caldero hirviendo que era mi cabeza. Sin embargo, aun no tengo respuesta a por qué para muchos es más importante ‘atesorar cosas’ que conocimientos o compartir experiencias. Seguiré dándole vueltas.

El valor de la experiencia para quien aprende

Al ser consciente de las múltiples conexiones que nos unen, más de lo que pueda parecer a simple vista sentí que avanzaba varios pasos en mi propio proceso de aprendizaje. También sentí un gran alivio porque se confirmaba mi teoría: venimos al mundo a aprender y a dejar huella de lo aprendido para que, sobre esa base, se siga construyendo y avanzando. No todos lo tenemos claro, seguramente porque no todos tenemos tiempo de pensar sobre ello. ‘Bastante tengo con sobrevivir’, nos dirían muchos, ¿verdad?

El aprendiz y el discípulo aprenden del maestro, el becario del jefe. Cuando este tenga un becario y aquel un discípulo incorporarán sus propias experiencias a lo que aprendieron y sus enseñanzas serán más valiosas.

Y si eso es así, ¿por qué las empresas están prescindiendo de los empleados veteranos? ¿Por qué no se permite que se trasmita el conocimiento? Los despidos son tan rápidos que no dejan espacio ni para traspasar el estatus de los temas en curso, ¿por qué no conviven las diferentes generaciones aportando unos lo que saben y otros su energía, su valor, sus ganas de comerse el mundo? ¿Qué estamos haciendo?

El mundo va tan deprisa que los conocimientos se quedan obsoletos rápidamente. Pero no todo es conocimiento teórico, ¿verdad? Cuidemos las transiciones, cuidemos a nuestros seniors que proporcionan estructura, seguridad y nos permitirán aprender de sus errores y construir sobre su legado. Si se rompe la cadena, retrocedemos, perdemos experiencia. Seremos desagradecidos con los que se esforzaron antes que nosotros y nos quedaremos sin referencias para seguir avanzando.

Una forma grandiosa de poner la experiencia al servicio de los jóvenes, o de cualquiera que lo necesite, es a través de la mentoría voluntaria o profesional. Es decir, dedicar parte de nuestro tiempo a ser mentor en institutos de enseñanza, o en empresas, acompañar, aconsejar y compartir. Es duro ser joven, ser inexperto, es duro empezar en una empresa desde abajo. No estaría nada mal tener más buddies que nos acompañen y a los que acudir. Sería bueno para el que empieza y una oportunidad para poner en valor las experiencias vividas para el veterano. ¿Qué nos impide ser mentores al llegar a cierta edad? Todos tenemos algo que compartir.

¿De qué serviría todo lo que sabes si no lo compartes?

A nivel personal, trato de vivir intensamente, aprovechar las oportunidades, relacionarme con todo tipo de personas en todo tipo de ambientes, leer, viajar, escuchar atentamente y profundizar en todos los temas que me parecieran interesantes. Sin olvidar que, ¿de qué serviría todo lo que sabes si no lo compartes? ¿De qué sirve lo que vives, si no lo cuentas? ¿Lo que descubres, si no lo escribes, dibujas, pintas, o grabas? Tenemos una misión: ser un paso más en el proceso de aprendizaje en el mundo.

De acuerdo, no todos somos Einstein, ni Picasso, ni Churchill, ni Cervantes, pero todos tenemos experiencias. Lo creamos o no, pueden ayudar a otros, sobretodo a los más jóvenes. Ya lo dice el dicho:

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”

Significa que la experiencia brinda más conocimiento y sabiduría que la astucia o la inteligencia inherente a la persona. En realidad, este dicho se usa para llamar la atención de los más jóvenes cuando se les quiere dar un consejo relativo a una experiencia ya vislumbrada.

Antonia Caballero Cano se define como “coach, economista, escuchadora, aventurera, privilegiada, agradecida, alerta, consciente, resolutiva y sociable”. Lleva años dedicada a “crear encuentros” y a aportar “bienestar a personas y equipos”. Sigue su Columna La Fuerza en Good4Good para continuar mejorando.

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