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Un “bokata” a cambio de compañía en plena pandemia

Más de 40000 personas sin hogar se han quedado desamparadas durante la pandemia. La Asociación Bokatas ha realizado una labor fundamental. Gracias a sus bocadillos, miles de ellos han recibido ayuda y acompañamiento.
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Cuando se decretó el estado de alarma, todo el país tuvo que encerrarse en su casa casi sin previo aviso. Nadie podía salir de su domicilio más que para comprar productos de primera necesidad o por motivos laborales. Sin embargo, en torno a 40.000 personas en España no tuvieron siquiera esa opción. Personas sin hogar que no tenían dónde refugiarse cuando cerraron a cal y canto las ciudades, incluidos los albergues.

Tras todos ellos, en una labor desesperada de ayudarlos y acompañarlos, estuvieron los voluntarios de la asociación Bokatas. Esta organización no gubernamental fundada en 1996 se dedica a ayudar a las personas sin hogar. Pero desde su fundación hace 24 años, nunca antes se habían enfrentado a una situación así. Durante los meses de confinamiento, estos voluntarios han luchado contra grandes carencias de productos y hasta de movilidad. Un gran intento de ayudar a todas esas personas que no tenían donde pasar la cuarentena.

El sinhogarismo es un problema de exclusión social. “Las personas en situación de sin hogar viven completamente al margen de la sociedad, son invisibles siendo parte de las ciudades como un elemento más”. Así lo describe la propia ONG en su página web. Se da en todas las edades, barrios, condiciones y sexos. Lo mismo lo sufren mujeres que hombres, españoles que inmigrantes. Afecta tanto a gente con mucha formación como personas sin estudios, en zonas céntricas como en las más periféricas. 

La principal función de sus voluntarios es salir en grupos de cuatro y ofrecer bocadillos para acercarse a las personas sin hogar. Pero la realidad es que el “bokata” es solo una excusa, el medio que utilizan para acercarse y dignificar su situación. Este es un proyecto de acción directa con una metodología sencilla. Ellos actúan como intermediarios y ponen en contacto a los necesitados con roperos, con dispensarios médicos o les indican cómo iniciar incluso el proceso de asilo.

Bokatas en la pandemia

Durante la pandemia, la rutina de los voluntarios cambió, según explica su presidenta Esperanza Vera Ortiz en una entrevista para El País. En Madrid, por ejemplo, salían de dos en dos con lotes de alimentos y productos de primera necesidad para dos o tres días. En ese lote iba incluido un papel con información de servicio público como cuáles son los síntomas del coronavirus o qué tenían que hacer en caso de tenerlos.

Las personas sin hogar se quedaron aisladas, sin saber a quién recurrir. Algunos se juntaron con más gente sin hogar. Pero según cuenta la presidenta de Bokatas, el principal problema fue que faltaban recursos para atender a esas personas. Por este motivo, tuvieron que tocar muchas puertas para conseguir productos con los que atender a las personas que más los necesitaban.

Vera explica que “a lo largo de este tiempo, hemos detectado un mayor número de personas que están en la calle a causa de la crisis social ocasionada por la Covid-19. Como mínimo, hay 20 más en nuestras rutas que no estaban antes del estado de alarma”. Algunos de los más afectados, han perdido estos meses sus únicas fuentes de ingresos, como la venta ambulante o la mendicidad.

Como ella, muchos expertos afirman que “la crisis social no ha hecho más que empezar”. Con la crisis que ha acarreado el Coronavirus, la asociación vuelve a cuestionar los modelos de intervención social basados en alojamientos colectivos. Para que nadie acabe en la calle el acompañamiento se hace imprescindible y la labor de asociaciones como Bokatas es más necesaria que nunca.

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