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La respuesta de España para la sostenibilidad del medio marino

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Los mares y océanos del mundo son el motor de los sistemas globales, que hacen que la Tierra sea un lugar habitable para los seres humanos. Más de 3.000 millones de personas en el mundo dependen directamente de la biodiversidad marina y costera para vivir. Indirectamente, todos dependemos de estas grandes masas de agua: absorben el 30% del CO2 generado por las actividades humanas, con su resultante acidificación. Proteger los ecosistemas marinos es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 de Naciones Unidas.

Por su parte, la Unión Europea y sus países miembros, entre ellos España, han tomado medidas específicas para proteger este medio. Para ello, existe, entre otras medidas, la “Directiva Marco” sobre energía marina, en la que se exponen las medidas necesarias para un buen estado ambiental del medio marino en 2020. 

¿Qué supone para las personas el medio marino?

A nivel global, el valor de mercado de los recursos e industrias marinas y costeras se estima en $3.000 millones por año, alrededor del 5% del PIB mundial, según la ONU. A partir de estos datos, podemos imaginar el ingente número de actividades humanas que se realizan en relación directa con el medio marino. Es necesario gestionarlas y volverlas sostenibles, para que todas las personas que dependen de estos ecosistemas puedan continuar en los próximos años con acceso a estos recursos. Son muchas las organizaciones, empresas y personas que trabajan por salvar los océanos.

Además, el objetivo es que esto sea compatible con un estado en el que mares y océanos sean ecológicamente diversos, dinámicos, limpios, saludables y, también, productivos. Lo que en la Directiva Marco llaman “Buen Estado Ambiental”

Desde la Unión Europea, se impulsa la cooperación entre países a través de los convenios marinos regionales OSPAR (Atlántico nordeste), HELCOM (Mar Báltico), Barcelona (Mar Mediterráneo) y Bucarest (Mar Negro).

Pero, ¿qué significa “Buen Estado Ambiental”?

Para definirlo, la Directiva cuenta con una serie de criterios cualitativos:

  • La biodiversidad se mantiene.
  • Las especies autóctonas no alteran negativamente el ecosistema.
  • La población de especies de peces y moluscos comerciales se encuentra dentro de límites biológicos seguros.
  • Los elementos de las redes tróficas aseguran la abundancia y reproducción a largo plazo.
  • La eutrofización se minimiza.
  • La integridad del fondo marino asegura el funcionamiento del ecosistema
  • La alteración permanente de las condiciones hidrográficas no afecten negativamente al ecosistema.
  • Las concentraciones de contaminantes no producen efectos negativos.
  • Los contaminantes en productos de pesca están por debajo de los niveles seguros.
  • Las propiedades y cantidad de basura marina no resultan nocivos.
  • La introducción de energía, incluido el ruido submarino, se sitúan en niveles que no afectan de manera adversa al medio marino.

Para conseguir desarrollar estos puntos, se sigue un esquema que comienza con la evaluación del estado de las aguas de cada país miembro. A continuación, se define qué significa el buen estado ambiental en cada país, para establecer unos objetivos ambientales concretos e indicadores. Después, se establecen programas de seguimiento para actualizar objetivos. Por último, se desarrollan las medidas para lograr el buen estado ambiental. Según Marta Sánchez Egea, responsable de Medio Marino en el Centro Tecnológico Naval y del Mar de Cartagena (CTN), la implantación de la directiva es cíclica: un ciclo que dura unos 6 años.

El ruido submarino

El ruido producido por las personas en los ecosistemas marinos afecta a la vida de sus animales. Ballenas, tortugas y delfines emplean el sonido para comunicarse, y se ven especialmente amenazadas por la contaminación acústica. Entre las actividades que afectan a estos ecosistemas derivadas de la introducción de ruido, destacan todos los proyectos submarinos. Por su relación directa con los mares y océanos, tienen también un control y responsabilidad mayores sobre su impacto.

El Clúster Marítimo Español (CME) ha celebrado la jornada virtual: Estudios de ruido submarino en proyectos portuarios y offshore: marco legal y requisitos técnicos, donde el CTN ha explicado la normativa sobre ruidos y guías metodológicas para su aplicación en los proyectos submarinos. Un encuentro de gran importancia, ya que aún no se han establecido umbrales para estos sonidos.

“Será necesario llegar a un acuerdo a nivel internacional para poder determinar dentro de qué niveles nos encontramos. Estos niveles deben basarse en los mejores datos científicos disponibles. De momento no hay un consenso, pero sí se está avanzando mucho en metodología para poder discernir cuáles son esos valores”.

Marta Sánchez Egea, responsable de Medio Marino en el CNT

Entre las actividades afectadas se encuentran los sondeos exploratorios y explotación de hidrocarburos en el subsuelo marino; el almacenamiento geológico de gas o CO2; la instalación de gasoductos, oleoductos, cables submarinos de telecomunicaciones y conducciones para vertidos desde tierra al mar; infraestructuras marinas portuarias y de defensa de la costa; y dragados y vertidos al mar de material de dragado.

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