
Un fragmento diminuto, una función inmensa: microexón neuronal DAAM1 memoria
En un rincón del código genético, un pequeño fragmento de proteína (apenas nueve aminoácidos) ha demostrado ser esencial para la memoria. Así lo ha revelado un estudio del Centro de Regulación Genómica (CRG), publicado en Nature Communications, que abre nuevas perspectivas sobre la biología cerebral y sus implicaciones cognitivas.
Este microexón, exclusivo de las neuronas, se inserta en la proteína DAAM1 y solo aparece en el tejido cerebral, no en ningún otro lugar del cuerpo. Su función es tan vital que su ausencia altera la capacidad del cerebro para formar recuerdos.
La arquitectura molecular del recuerdo
La proteína DAAM1 es clave para mantener la forma de las células y su movilidad. Cuando los investigadores eliminaron el microexón en ratones, las neuronas perdieron la mitad de sus espinas dendríticas (estructuras esenciales para la comunicación sináptica). El resultado fue claro: un 40% menos de retención en tareas de memoria.
“No se trata de neuronas muertas, sino de neuronas que no se comunican bien. Pierden su capacidad de construir puentes para transmitir información”, explica el Dr. Patryk Poliński.
Activar el interruptor correcto
El estudio va más allá: al alterar una vía de señalización afectada por la pérdida del microexón, la memoria se recuperó parcialmente. Esto demuestra que, con el estímulo molecular adecuado, el cerebro podría restablecer su capacidad de recordar.
Pero los científicos son cautelosos: esto es una prueba de principio, no una terapia. Aun así, algunos de los compuestos utilizados ya están aprobados para uso humano, lo que augura potencial futuro.
Un legado evolutivo milenario: microexón neuronal DAAM1 memoria
El hallazgo cobra aún más fuerza al descubrirse que la misma secuencia de nueve aminoácidos está presente en tiburones, una evidencia de su valor evolutivo. “La naturaleza ha protegido este fragmento durante 500 millones de años. Es una pieza fundamental en el engranaje de la memoria”, subraya Manuel Irimia, coautor del estudio.
Este descubrimiento también conecta con investigaciones anteriores sobre el autismo, donde se ha observado que varios microexones neuronales se omiten sistemáticamente. El equipo ya rastrea bases de datos humanas en busca de variantes genéticas ligadas a trastornos del aprendizaje.
Porque en la neurociencia, incluso lo más pequeño puede tener un impacto profundo.